Accidente Cerebrovascular: una incidencia más temprana

Accidente Cerebrovascular: una incidencia más temprana

Académicos y especialistas de la salud señalan que factores de riesgo en el estilo de vida, como la obesidad, el sedentarismo y el estrés, han causado que los Accidentes Cerebrovasculares (ACV) sean más frecuentes en adultos jóvenes. Según una publicación de la revista Lancet Neurology, a nivel mundial la incidencia de ACV en adultos menores de 45 años ha aumentado un 40% desde los años 90.

Por Andrea Riquelme, periodista Revista In Vitro

La incidencia de Accidentes Cerebrovasculares (ACV) es considerada la primera causa de discapacidad en adultos a nivel mundial, primera causa de muerte en Chile y segundo causa a nivel mundial. De acuerdo a una publicación de la revista Lancet Neurology, la incidencia de accidentes vasculares en adultos jóvenes menores de 45 años ha aumentado un 40% desde los 90 a nivel mundial, realidad que preocupa a los equipos interdisciplinarios de la salud, quienes buscan poner énfasis en la rehabilitación intensiva y precoz de los pacientes, y en la prevención en el caso de la población general.

El Accidente Cerebrovascular (ACV) es la enfermedad más frecuente en adultos mayores y se asocia a factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el sedentarismo y el estrés. En Chile, todos estos factores de riesgo se están viendo con frecuencia en la población joven, lo que ha incidido directamente en una mayor ocurrencia de accidentes vasculares en personas cada vez más jóvenes.

El ACV se define como un daño focal cerebral de inicio súbito cuyos síntomas persisten por más de 24 horas. En caso de aquellos episodios que se revierten en menos de 24 horas, se les llama ataque isquémico transitorio. La incidencia del ACV aumenta conforme avanza la edad. El más frecuente es el accidente vascular isquémico, con un 80% de prevalencia. En Chile, ocurren 130 casos de ACV por cada 100 mil habitantes y es la principal causa de discapacidad, razón por la que desde el 2013 se encuentra incorporado en el programa GES.

Carolina Astudillo, académica de la carrera de Kinesiología de la Pontificia Universidad Católica, explica que actualmente existe comprensión en que el abordaje en las personas que sufren un ACV debe ocurrir desde etapas muy precoces y desde un enfoque interdisciplinario, dado que la muerte de neuronas puede generar alteraciones que abarcan aspectos cognitivos, comunicativos, motores y sensoriales. Agrega: “Como equipo de rehabilitación buscamos fomentar el aprendizaje y reaprendizaje de habilidades y la recuperación de funciones apelando al potencial de plasticidad que el cerebro tiene. En la medida que la atención sea más temprana en un ACV, nos deja mayor terreno para actuar. Cuando una persona sufre de un ACV, existe daño e inflamación y se activan procesos bioquímicos que favorecen la plasticidad cerebral, pero que con el tiempo comienzan a decaer. Por esta razón, para el equipo de rehabilitación completo es ideal comenzar a trabajar con los pacientes de manera muy precoz, de manera diaria y ojalá más de una vez al día, todo esto con el propósito de que el paciente alcance su máximo nivel de autonomía y pueda reintegrarse a sus actividades cotidianas en el hogar, trabajo y espacios sociales”.

Las primeras señales perceptibles por el entorno son: dificultades para hablar, no poder mantener un brazo en alto (suspendido), y/o media cara caída. Con solo uno de estos signos debe acudir a una urgencia. “La mayor parte de las personas acude a un centro asistencial cuando alguien se cae o pierde la consciencia, pero restan importancia cuando las alteraciones aparecen lentamente. Muchas veces incluso lo asocian a estrés. Aunque los síntomas aparezcan de manera leve, es muy importante consultar de forma inmediata”, aclara Astudillo.

Lo más frecuente es que el paciente ve alterado su movimiento o pierde la fuerza muscular en un lado del cuerpo. La rehabilitación precoz tras un ACV, permite que en el menor tiempo posible, puedan conducirse los cambios, estimulando aspectos críticos y de forma interdisciplinaria. “Cuando se posterga la rehabilitación el proceso es más difícil, porque hemos perdido tiempo valioso de recuperación, además que pueden instaurarse rigideces o pérdidas de movilidad articular que son más difíciles de revertir. Usualmente, el paciente deja de usar la extremidad menos confiable tras el ACV y eso no hace más que perpetuar el déficit motor y la pérdida de otras habilidades”, agrega la docente de Kinesiología UC.

El ACV requiere de la intervención no solo de médicos neurólogos, sino también de kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, médicos, fisiatras, enfermeras y otros. Dependiendo del grado de daño que genera un ACV, una serie de funciones físicas y cognitivas pueden verse comprometidas y alteradas, siendo el factor tiempo en la primera intervención clínica un factor que puede marcar una diferencia relevante en términos de funcionalidad.

Desde la kinesiología, existe evidencia científica que demuestra que la terapia temprana mejora la marcha, al igual que el entrenamiento del balance mediante ejercicios y uso de dispositivos ayuda en la recuperación y el entrenamiento de tareas repetitivas.

En cuanto a la intervención fonoaudiológica, Carolina Méndez, académica de la carrera de Fonoaudiología UC y subdirectora de la Asociación Internacional de Afasia y Cognición, explica que “Si bien el rol del fonoaudiólogo se destaca en las alteraciones de la deglución tras un ACV, cerca de un tercio de los pacientes queda con alteraciones de la comunicación y la cognición. Una derivación temprana por parte del neurólogo de estas dificultades facilita la intervención cognitivo-linguística oportuna del fonoaudiólogo, mejorando así la calidad de vida de estos pacientes”.

Por su parte, Nayadet Lucero, directora de docencia de pregrado de la carrera de Terapia Ocupacional UC, señala que “el rol fundamental del Terapeuta Ocupacional en usuarios después de un ACV, es potenciar el mayor grado de independencia, a través de actividades significativas y con propósito, enseñando las destrezas necesarias o adaptando las actividades para que los usuarios logren la mayor independencia posible en sus rutinas de la vida diaria básicas e instrumentales, además, de favorecer una adecuada y satisfactoria reinserción, evaluando y orientando en la adquisición y uso de ayudas técnicas necesarias en cada caso”.

La intervención interdisciplinaria de una unidad de ACV demuestra que, según revisiones meta-analysis, reduce la estadía hospitalaria así como también la mortalidad y morbilidad.

Los accidentes cerebrovasculares son patologías graves, que se asocian a factores de riesgo muchas veces modificables. Las docentes coinciden en que el énfasis debe estar en la prevención, mientras que con las personas que sufren un ACV, el foco debe colocarse en la rehabilitación precoz y en el trabajo colaborativo entre los miembros del equipo de salud.

De la redacción del equipo editorial de revistainvitro.cl