Ana Luisa Jouanne: “Es urgente atender el deterioro de la salud mental y altos niveles de consumo de alcohol y otras drogas”

Ana Luisa Jouanne: “Es urgente atender el deterioro de la salud mental y altos niveles de consumo de alcohol y otras drogas”

En opinión de la Corporación La Esperanza, con más de 26 años de experiencia en prevención y rehabilitación de hombres y mujeres, además de recién nacidos, la pandemia ha agudizado las cifras de consumo, con especial preocupación en torno al consumo indiscriminado de medicamentos sin receta médica.

Por Andrea Riquelme, periodista Revista In Vitro

El próximo 26 de junio, la OMS conmemora el Día Internacional de la Prevención del Consumo de Drogas y la Corporación La Esperanza expresa su preocupación dado que Chile muestra hoy altos indicadores de consumo de alcohol y otras drogas asociadas a un importante deterioro en la salud mental en el contexto COVID 19. Esto agrava la situación previa a la pandemia en la que ya se registraban altas tasas de consumos, por ejemplo; entre escolares, quienes en los últimos 6 años según informes de la CICAD-OEA, son los mayores consumidores en toda América de marihuana, cocaína, pasta base, tranquilizantes y los terceros en éxtasis.

En prevalencia mes, el consumo de alcohol es de 43.3%, siendo en hombres un 52.5% y un 34.2% en mujeres, en Nivel Socio Económico (NSE) bajo un 39.7%, NSE medio un 42.7% y alto de un 46,7%. Las estadísticas preocupantes se refieren también al patrón de consumo de 5 o más tragos por vez, que alcanza a un 56.3% de entre quienes tienen prevalencia de consumo mes, 59.5% en el caso de hombres y un 51% de mujeres. El indicador de prevalencia de embriaguez es de 24,4% sobre la población total entre 12 y 65 años, un 31.2% en hombres y un 17.6% en mujeres, sin grandes diferencias según NSE. El consumo de riesgo de alcohol (8 o más puntos sobre escala AUDIT) durante el último año en población general es 9.3%, en hombres 13.3% y en mujeres 4,3%.

Respecto de la marihuana, el consumo prevalencia año es de 12,7%, en hombres 18,1% y en mujeres 7,4%. En cuanto al nivel socioeconómico, en NSE bajo alcanza a un 12,4% y en NSE alto a un 13,3%. Al distinguir tipos de marihuana entre prevalentes último año, el 3.8% refiere el consumo de marihuana prensada, el 74,4% marihuana verde y el 12,1% marihuana de alta potencia. Asimismo, para el consumo de clorhidrato de cocaína, la prevalencia año en población general es de un 1% (0.4% mes), con una variación de género entre hombres y mujeres de 1.8% y 0.3% respectivamente y de NSE de 1.5% en NSE bajo, 1% NSE medio y 0.7 NSE alto, siendo el peak etario entre los 19 y los 36 años con un 2%. En Pasta base el consumo prevalencia año es de 0.4% – 0.7 hombres y 0.2% mujeres- y la prevalencia mes es de un 0.3%.

En el ítem otras drogas prevalencia vida, el uso de tranquilizantes sin receta médica alcanzan un 3.7%, y le siguen drogas estimulantes, inhalables, éxtasis, alucinógenos, analgésicos, hachís y marihuana sintética. Respecto a la percepción de facilidad de acceso a las drogas, la cifra es de un 50.3% para marihuana, un 27.6% para cocaína y un 27.4 en el caso de la pasta base.

Revista In Vitro conversó con Ana Luisa Jouanne, directora ejecutiva de Corporación La Esperanza, organización no gubernamental (ONG) cuya misión es la prevención y rehabilitación en torno al consumo de drogas en Chile, una tarea que ya despliega hace más de 20 años.

Jouanne reconoce aspectos históricamente preocupantes y pone el énfasis en el segmento escolar (octavo básico a cuarto medio).

¿Cuáles aspectos son los más alarmantes para la población menor de edad?

En uso de alcohol, la prevalencia año es de 56.5% y mes de 29.8%, habiendo diferencia entre hombres (27.2%) y mujeres (32.5%); en establecimientos municipales el consumo mes es de 25,8% subvencionados 30% y particulares 43,5%. Es importante señalar que los estudiantes que declaran haber bebido 5 o más tragos en una sola ocasión alcanzan a 64%, siendo en los hombres un 66,8 % y en las mujeres un 61,8%. En 8° básico ese patrón de uso alcanza a un 52,9% y en IV° medio un 70%, con cifras de un 65,4% en establecimientos municipales, un 64,1% subvencionados y 60,6 privados%. La precocidad es de un 63.7 (proporción que declara primer consumo antes de los 15 años), mientras que la edad de inicio promedio es de 13.8 años, sin diferencia entre hombres y mujeres.

En cuanto a la marihuana, el uso prevalencia año es de un 26.8%, siendo en hombres de un 25,9% y mujeres un 27,7% de un 11,8% en 8° básico y 41,6% en IV° medio. No Hay grandes diferencias según tipo de establecimiento; la mayor parte corresponde a marihuana verde, 67.6%, seguido de 13, 2 transgénica de alta potencia y 9.2% prensada (o paraguaya). Respecto de la identificación de patrones de consumo de riesgo (aplicación de escala de tamizaje para detectar consumo perjudicial, CAST) el 16.8% muestra consumo de alto riesgo, un 20% en hombres y un 13.8% en mujeres, siendo un 22% en el caso de establecimientos municipales, un 15,5% en subvencionados y un 8.9% en particulares.

El uso de cocaína prevalencia año es de un 2,9%, cifra que en 8°básico es de un 2.4% y de un 4.1% en IV° medio. A su vez, el nivel de precocidad es de un 30.9% y el promedio de edad de inicio es de 15 años. Respecto de pasta base, la prevalencia año es de un 1,7% y la precocidad es de un 60.6% y el promedio de edad de inicio es de 13.5 años, siendo mayor el porcentaje de precocidad en mujeres que en hombres, 68.3% versus 54.4%, mientras la edad de inicio es de 13.5 y 14 años, respectivamente.

Es de especial preocupación que en los últimos 6 años los escolares chilenos han sido los principales consumidores de América (más que Estados Unidos y Canadá) en marihuana, cocaína, pasta base (Sudamérica) y tranquilizantes, según cifras de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD – OEA). Esto se mantiene a pesar de que entre 2017 y 2018 la prevalencia año de marihuana bajó en un 13%, pero sigue siendo el más alto a nivel continental. En éxtasis ocupamos el cuarto lugar. En alcohol, el problema de los adolescentes en Chile es el patrón de consumo: el denominado binge drinking, consumo de 5 o más vasos de alcohol en una noche, que alcanza un 43,6%.

Un punto especial ha sido el comportamiento al alza del consumo de drogas químicas, especialmente en escolares:  el consumo de éxtasis aumentó (117%), al igual que estimulantes sin receta médica (13%), los tranquilizantes sin receta médica (27%) y los alucinógenos (30%).

Con una edad de inicio entre los 13 y los 15 años, dependiendo de la sustancia, preocupa el comportamiento en octavo básico, quienes son los más vulnerables: entre el 2017 y el 2019, la prevalencia de pasta base año subió un 42%, la cocaína un 26%, el éxtasis un 60% (y en las mujeres un 200%), estimulantes sin receta un 16%, alucinógenos un 15% y tranquilizantes sin receta un 35%. En el caso de los cuartos medios, el consumo de pasta base aumenta en un 53%, éxtasis un 250%, tranquilizantes sin receta médica un 30%, alucinógenos un 44%. Por otro lado, cocaína y estimulantes se mantienen, mientras que bajan alcohol y marihuana.

Algo similar sucede en la población general. La prevalencia de marihuana total año baja 12%, pero sigue estando en la parte alta de la serie. Tanto en escolares como población general, el gran salto del consumo coincidió con la discusión sobre una posible legalización, tanto para fines terapéuticos como recreativos; la poca claridad en el mensaje en cuanto al aumento del poder adictivo y el daño por uso en menores, especialmente en las marihuanas de mayor potencia, hizo que su consumo se normalizara, en un proceso exactamente inverso en sus curvas y percepción de riesgo que el del cigarrillo.

En cuanto a las químicas legales e ilegales, a prevalencia año de analgésicos sin receta médica subió en un 138% en el tramo de 19-25 años, el de éxtasis aumentó de 0,1% a 0,6% año en el mismo trato etario y 0,1% a 0,8% de 26 a 35 años. Alucinógenos de 19 a 25 años bajó y en 26 a 35 años subió de 0,8% a 1,4%.

A la luz de la segunda encuesta on line de SENDA, efectos del COVID-19 en el uso de drogas en Chile (2021) ¿qué aspectos te parecen preocupantes en cuanto al abuso de alcohol y otras drogas asociadas al confinamiento?

Durante la pandemia, de acuerdo a las dos encuestas SENDA (2020 y 2021), no hay un desborde del consumo ni tampoco éste se desploma. La pandemia y el confinamiento son situaciones inéditas en el mundo, cuyas cifras tenemos que aprender a leer, según cada sustancia, y en la mirada de conjunto. Chile vive uno de los momentos más alarmantes en cuanto al consumo de alcohol y otras drogas.

En un análisis particular del uso de alcohol respecto de las 3 cifras anclas – menor consumo que antes de la pandemia 36.1%, igual consumo 3.9% y más consumo, 22.2 % – lo primero es destacar que esta última cifra sea la más baja. No obstante, el alcohol está relacionado preferentemente a un contexto de socialización, lo que constituye una importante barrera respecto de consumir a solas en la propia casa. Por eso, llama la atención que quienes mantienen o aumentan su consumo sumen más de la mitad (56.3%), lo que es un punto a tener en cuenta:  se podría suponer que muchos de quienes antes ingerían en grupo, hoy lo hacen  en sus casas a solas, con o sin un contacto virtual; lo que desde el punto de vista del consumo es un factor de riesgo, pues no sabemos si levantado el confinamiento quedará instalada la modalidad de consumo en solitario más allá de lo virtual, traspasando esa barrera como factor protector. En esa línea, un estudio norteamericano señala que, en adolescentes con mayor necesidad de ser aceptados, no aumenta el consumo pues en pandemia no existe el componente social, sin embargo, en aquellos que tiene liderazgo y confianza en sí mismos, sí aumenta el consumo en solitario.

En este sentido, ¿Qué piensas sobre el consumo de otras drogas, como marihuana y cocaína?

Un segundo punto de interés se refiere a las cifras de “aumento” e “igual consumo” de otras drogas. Nos parece importante, más si se considera la causa que se esgrime.

En marihuana, un 33,4% dice haber usado más y un 39.9% igual cantidad, lo que en este caso es 3.8 puntos porcentuales superior al 2020 (36.1%). Mientas, un 22,2% declara haber consumido menos desde el inicio del COVID-19 siendo que en el 2020 fue de 27.7%.

En cocaína, las cifras para la pandemia y especialmente entre ambos estudios, muestra un alza de consumo: 35.5% consume más, (29,9 el 2020), 21% consume la misma cantidad (16.9% el 2020) y quienes consumen menos baja de 49,2 a 36.7% el 2021. Para éxtasis y LSD, las cifras se modificaron entre el 2020 y el 2021 y muestran que un 29,6% consume más que en periodo pre-pandemia (22,7% el 2020), 25,5% que consume igual cifra, la que el 2020 fue de 20% y el 34.7% que consumió menos, porcentaje que tuvo uno de las variaciones más importantes pues el 2020 fue de 50.5%

Mencionas que una de las alertas más importantes es el consumo indiscriminado de medicamentos no recetados en pandemia ¿Qué aspectos rescatas de este diagnóstico?

En cuanto al consumo de medicamentos sin receta, el 53,8% dice que ha consumido más, mientras el 2020 fue de 45%, y el 26,8% señala haber usado la misma cantidad. Solo el 10,9% reconoce que   ha disminuido el consumo desde el inicio de la pandemia, cifra que es la mitad que el año anterior (20.6%). En el estudio destacan entre los medicamentos que se consumen el clonazapán y el tramal. Éste último es en base a opioides, con alto poder adictivo, que representa uno de los problemas más graves de dependencia al uso de sustancias en la actualidad en países como Estados Unidos.  Sin duda el de los medicamentos es el punto más delicado que atender y que viene a reforzar lo planteado:  al aumento del uso de drogas químicas, y que en pandemia ese aumento tiene por causalidad el deterioro de la salud mental, igual que las anteriores.

En todas estas sustancias, una más que otras, es significativo el aumento del uso en pandemia el 2020 y el alza que a su vez se da el 2021. Antes de la llegada del COVID-19, nuestra Corporación venía advirtiendo del paulatino y “silencioso” incremento en el uso de drogas químicas. Decimos silencioso, porque al tratarse de cifras bajas pasan desapercibidas, pero muestran un aumento discreto, aunque constante, especialmente en escolares (serie encuesta Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (CONACE) / SENDA), tal como advertimos en su momento – sin ser escuchados- que sucedía con la marihuana en adolescentes a inicios del 2000.  Esta tendencia es muy preocupante.

El estudio elaborado por SENDA frente al COVID 19 muestra un comportamiento en esa misma línea, que La Esperanza insiste es indispensable atender porque es en estos niveles incipientes cuando se puede prevenir y revertir la tendencia y no cuando pasan ya a enquistarse en el modo y cultura, especialmente de nuestros escolares y jóvenes. Y, porque el aumento de demanda y potencial dependencia y deterioro entre los consumidores trae de la mano un aumento de la oferta, ya sea por tráfico o producción interna, con toda la marea de violencia y conflicto que acompaña a este fenómeno. A las señales advertidas en las encuestas, se suma el incremento de los decomisos de drogas químicas entre 2010 y 2019, en un 75.000%, así como la incautación de máquinas para procesar y la otra para hacer estas sustancias en nuestro país.

 ¿Qué opinas respecto de la causalidad del problema de la drogadicción instalada en el Chile de hoy?

Un 67% de los encuestados señalan como causa de ese aumento “problemas de estrés, angustia y ansiedad”. El deterioro de la salud mental producto de la pandemia, explica gran arte del incremento en el uso de las distintas drogas, especialmente en medicamentos sin receta (85.7%), lo que demanda de las autoridades de salud una atención articular. En este sentido, proponemos que, de manera urgente, sea considerado el eje de la salud mental como un problema en sí mismo, junto con los ejes epidemiológico y sociales (económico, laboral y escolar) en el manejo de la pandemia y en vistas a la post pandemia.

Pienso que el alza de consumo durante la pandemia se podría asociar a una mayor exposición a emociones no placenteras (ansiedad, estrés, anhedonia, alexitimia) derivadas por la incertidumbre circundante derivada de las medidas de confinamiento (por temor de contagio) y económica (por pérdida de trabajo o inestabilidad laboral). En un segundo plano, se observa la presencia de un trastorno adaptativo mixto reactivo a la pandemia misma y a la complicación de otros cuadros del espectro de la salud mental preexistentes. Asimismo, debido al confinamiento, las reuniones sociales recreativas (en donde hay presencia de consumo) han debido ser realizadas a través de la pantalla. Lo anterior, pese a ser instancias sociales, ha implicado de modo fáctico la consolidación del consumo en solitario. Pese a este escenario, la oferta no ha cesado y, de hecho, se ha hecho más accesible a través de redes sociales y los servicios de delivery. Por último, sumaría un mensaje público y persistente de información negativa y dramática 24/7 por casi 18 meses a la que casi solo se añaden temas de inseguridad social, aumentan la sensación de inseguridad y angustia. En este sentido, se sugiere diseñar una estrategia que conecte con un mensaje esperanzador, más en la línea del modelo francés.

¿Cuál crees que sería el mejor modelo de intervención para abordar el tema abuso de alcohol y otras drogas?

Las intervenciones en rehabilitación más efectivas son las contemplan un modelo que comprende el esquema biopsicosocial del ser humano. Lo anterior implica un trabajo profesional multidisciplinario (psicólogos, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, profesores de distintas disciplinas, etc.) que englobe la totalidad de la vida humana.  A su vez, se debe incorporar una dimensión espiritual/de trascendencia, que trabaje el sentido de la vida a través de la satisfacción de necesidades de tipo más altruistas bajo la directriz de la empatía y otras habilidades blandas. Junto a lo anterior, se debe incorporar el desarrollo de habilidades que faciliten y fomenten la reinserción socio-laboral de las personas que se recuperen (talleres laborales) y donde se pueda sostener la construcción de un proyecto de vida saludable.

¿Qué tipo de drogas generan mayor dependencia?

 Esto depende mucho de la persona. Sin embargo, las drogas de mayor potencial adictivo son las derivadas de los opiáceos (medicamentos como el tramadol, la heroína, codeína): principalmente para personas que utilizan las sustancias psicoactivas para evadir problemas. Bajo este prisma el alcohol también representa un potencial adictivo de riesgo.

En personas que buscan herramientas de enfrentamiento (seguridad y desplante), por ejemplo, los estimulantes derivados de la cocaína (clorhidrato y sulfato; pasta base), suelen representar un alto potencial de riesgo. Mientras que en aquellas personas con el problema de manejo de los síntomas derivados de ansiedad y estrés (insomnio, habilidad emocional, entre otros), las benzodiacepinas suelen tener un mayor potencial adictivo.

¿Es posible la recuperación completa del paciente adicto?

Sí, pero se debe mantener un monitoreo permanente del cuadro en cuanto a la prevención de los aspectos cognitivos, emocionales y conductuales (conscientes e inconscientes) a la base del consumo. Es más, se debe estar atento a posibles eventos vitales difíciles que pueden activar la respuesta condicionada del consumo (muertes de seres queridos, rupturas sentimentales, otros).

Desde la teoría, un proceso de recaída, o violación de la abstinencia posterior a un tratamiento, comienza mucho antes que el consumo en sí mismo. La baja percepción de autoeficacia, la baja tolerancia a la frustración, una mala significación emocional, suelen ser elementos previos para detectar y trabajar para la prevención de un posible consumo. El monitoreo permanente de este tipo de variables permite mantener los logros e indicadores de éxito posteriores a un tratamiento.

¿Cuáles son las mejores políticas públicas de intervención en drogadicción?

Las políticas públicas debiesen abordar el problema de la droga de manera intersectorial. Chile es un país preferentemente consumidor, su frontera norte desde la década del 90 ha sido de tránsito hacia países del Europa, y ya hay indicios de producción de sustancias químicas, aunque no se puede definir como un país productor. En ese sentido, nos parece que cualquier política pública debe responder a la pregunta de si obtiene como resultado objetivo la disminución del uso de sustancias, especialmente entre los más vulnerables, desde lo biopsicosocial, de generar una dependencia física o psicológica.

Sin embargo, es necesario considerar que la disposición al consumo ha atraído a numerosas organizaciones de narcotráfico tras el gran negocio que es la droga, las que han capturado una gran cantidad de poblaciones y espacios de Arica a Punta Arenas. Eso hace que además del bien de la salud de los más vulnerables como objetivo de la política pública, hoy el Estado de Chile deba considerar también la paz social.

La propuesta es una política pública que ponga como prioridad en la agenda y en el presupuesto acciones multisectoriales para, en el ámbito de la oferta, proteger las fronteras, aumentar los decomisos, estar atentos al aumento de precursores de drogas químicas, a la vez que ocuparse de desarticular las bandas y el negocio al interior de las poblaciones dando oportunidades de trabajo, vivienda y mejorando la educación, aumentando áreas verdes, ofreciendo posibilidades de deporte y recreación. Pacificar, dar oportunidades y desarticular.

Y desde la demanda, Corporación La Esperanza ha insistido “majaderamente” hace ya 20 años en la necesidad de la prevención obligatoria en todos los colegios de Chile, desde 1° Básico a IV ° con programas que tengan evidencia científica, pero que a la vez tomen en cuenta la idiosincrasia chilena. El modelo islandés puede ser un camino, pero nos preocupa la enorme diferencia cultural y ambiental, así como la falta de recursos locales y regionales para desarrollarlo. Y el que el esfuerzo se concentre en los cursos superiores. Por el momento, es un muy buen ejercicio de diagnóstico a nivel miro. La propuesta es que, en la búsqueda conjunta de ambos bienes, la salud de los más vulnerables y la paz social, no hay ninguna evidencia de que el camino sea la legalización; las experiencias internacionales hasta hoy muestran lo contrario.

¿Cuál es su llamado a las autoridades de Gobierno?

Trabajo preventivo desde temprana edad enfocado en una educación social emocional orientada a desarrollar tolerancia a la frustración y al fracaso (desarrollo del concepto de resiliencia basado en el banco cognitivo de enfoque hacia lo poético de las cosas). A su vez. el desarrollo de habilidades blandas que nos permitan una mejor interacción con los demás y con el núcleo familiar.

Por otra parte, es preciso abordar el problema de la demanda de la droga con un enfoque de salud pública, más aún tras la pandemia, y aumentar el financiamiento de una oferta de rehabilitación especializada y segmentada, disponible a lo largo Chile.

Estas herramientas, se suman a un trabajo multisectorial entre ministerios y organizaciones de salud, educación, economía, desarrollo social, vivienda cultura deportes, justicia y trabajo, junto con de las policías para dar una salida que recoja en toda su complejidad los problemas de la demanda, -prevenir y ofrecer rehabilitación – y de la oferta.

 

*Corporación La Esperanza realizará una colecta virtual entre los días 23 de junio y 3 de julio 2021. Visita www.donaesperanza.cl

De la redacción del equipo editorial de revistainvitro.cl