Hígado graso: Un enemigo silencioso

Hígado graso: Un enemigo silencioso

El HGNA está vinculado estrechamente al sobrepeso y obesidad, dos condiciones que, a nivel  mundial y por cierto en nuestro país, aumentan considerablemente día a día.

Por Vicky Abarca

Es una condición normalmente asintomática para la que no hay tratamiento farmacológico. Está vinculada estrechamente al sobrepeso y obesidad y -en los últimos años- su prevalencia ha crecido considerablemente, en especial en individuos menores de 30 años. Se trata del hígado graso no alcohólico (HGNA O NAFLD), condición en la cual se deposita en dicha víscera una cantidad excesiva de grasa que puede determinar la ocurrencia de inflamación, daño y muerte de las células hepáticas con el consiguiente deterioro de la anatomía del hígado y el desarrollo de eventual fibrosis o cirrosis. Esto último ocurre solo en una pequeña proporción de individuos que desarrollan una forma agresiva de la enfermedad llamada esteatohepatitis no alcohólica (EHNA o NASH por sus siglas en inglés).

“El daño que se aprecia en las biopsias de personas que tienen hígado graso analcohólico es indistinguible de aquel que se observa en individuos que beben alcohol, pero se da en un escenario donde beben muy poco o no beben y está más bien asociado a obesidad, diabetes y resistencia insulínica”, precisa el Dr. Marco Arrese, gastroenterólogo y hepatólogo de la Red de Salud UC Christus.

La importancia del hígado graso analcohólico, en cierta forma, es un marcador de disfunción metabólica que se asocia estrechamente a riesgo cardiovascular. “Estos enfermos son visto frecuentemente por cardiólogos y diabetólogos, pero a veces hay poca atención hacia el hígado y una de las labores que nos hemos impuesto es tratar de aumentar la conciencia respecto de cuan trascendente puede ser el hígado graso en un paciente para determinar el desarrollo de cirrosis”.

En la población occidental la prevalencia se estima entre 25% y 35% y en nuestro país un estudio, realizado hace 8 años, demostró que era 23%. Sin embargo, es posible que se haya incrementado, porque en los últimos años la prevalencia de sobrepeso, obesidad y diabetes ha aumentado en forma significativa. “Si bien no tenemos datos actuales estimo que la prevalencia en Chile está entre el 25 y 30%”.

Dr. Marco Arrese, gastroenterólogo y hepatólogo UC

Prevención y detección precoz

La epidemia de obesidad a nivel mundial junto a la pandemia del siglo 21 -la diabetes- es caldo de cultivo para generar el desarrollo de hígado graso no alcohólico. En las últimas dos décadas ha ido quedando cada vez más en evidencia que el HGNA y la EHNA son actualmente la causa más frecuente de enfermedad hepática en los países de Occidente.

Cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que en todo el mundo hay al menos 400 millones de adultos obesos, de los cuales el 80% padece de HGNA. De igual modo, consigna que el número de personas con diabetes ha aumentado de 108 millones en 1980 a 422 millones en 2014, número que de ser actualizado, será mayor.

Hasta 2014, un 11,9% de los chilenos padecía de diabetes, lo que equivale a un millón 700 mil personas, el doble de lo que había hace una década. Producto de este panorama, desde hace algún tiempo se ha detectado un alza de hígado graso no alcohólico en jóvenes menores de 30 años.

“Eso es efectivo porque el hígado graso está vinculado estrechamente al sobrepeso y obesidad. En población joven y niños estamos viendo cada vez más pacientes con esta condición”, comenta el Dr. Arrese, al precisar que lo importante es que es una enfermedad de lenta evolución. “En general aquellos individuos que pueden progresar en una enfermedad hepática más severa -que son los menos, pero considerando el universo son un número significativo de personas- lo hacen en la quinta o sexta década de la vida. De ahí la importancia de detectar precozmente y prevenirlo apropiadamente”.

La prevención se hace con una dieta balanceada para corregir el sobrepeso y obesidad, acompañada de ejercicios físicos en forma regular. “No adherimos a ningún patrón dietético particular, sino que aconsejamos prevenir, cultivar una vida sana, al aire libre, con alimentación balanceada y actividad física”.

Síntomas y diagnóstico

Normalmente es asintomático y se detecta incidentalmente por alteración ecográfica de hígado graso. De allí la importancia, precisa el Dr. Arrese, de que cada paciente sea evaluado por un médico competente que entienda la materia para valorar la magnitud y el grado de avance de la enfermedad, ello de acuerdo a criterios técnicos particulares.

“Se diagnostica a través de la ecografía cuando hay más de 30% de grasa en el hígado, pero si se usan técnicas más refinadas se pueden diagnosticar grados menores”. Sin embargo, más importante que conocer el grado de grasa es saber si el paciente tiene el órgano inflamado o si su enfermedad ha progresado hacia estadios más avanzados de enfermedad hepática crónica como la cirrosis.

Hay evidencias que señalan que el hígado graso superó a la hepatitis como precursor de la cirrosis y el cáncer de hígado, lo que corrobora el Dr. Arrese al comentar que se ha visto que la primera causa de trasplante hepático en Chile es la cirrosis asociada a la EHNA, que es la forma inflamatoria de la enfermedad.

Existen estudios que señalan que el consumo de fructosa y los trastornos del sueño incidirían en el hígado graso. “Sin duda la fructosa es un hidrato de carbono involucrado en la génesis del hígado graso y está presente en muchos de los alimentos azucarados y es muy trascendente para el desarrollo del hígado graso”, sostiene el especialista de la Red de Salud UC Christus. En cuanto a la apnea del sueño y las alteraciones de esa esfera,  inciden también en los trastornos metabólicos y la resistencia insulínica y pueden determinar la ocurrencia o aumentar la severidad del hígado graso.

Alternativas terapéuticas      

Para el HGNA no hay -por el momento- tratamiento farmacológico. Sólo algunos estudios que apoyan que la vitamina E y la pioglitazona, un antidiabético, pueden ser de utilidad para este propósito. Sin embargo, no está aceptado universalmente.

Dada la prevalencia de esta condición, hay diversas investigaciones de nuevas moléculas y drogas basadas en el conocimiento de la fisiopatología de la enfermedad, por lo que el Dr. Arrese estima que en la próxima década podrán contar los especialistas con nuevas herramientas terapéuticas,

“De pronto, lo que enfatizamos en nuestros pacientes es en la dieta y el ejercicio, y en individuos seleccionados utilizamos vitamina E y en individuos diabéticos utilizamos, eventualmente, pioglitazona o pueden ingresar a estudios clínicos con nuevos medicamentos que están siendo testeados internacionalmente y en los que, en alguno de ellos, participamos”.