Hijos únicos: Una solución de equilibrio

Hijos únicos: Una solución de equilibrio

Una realidad familiar que se consolida producto del complejo panorama económico actual y de la necesidad de desarrollarse aún más en el plano profesional y social.

Por Myriam Fernández

Más de alguna vez hemos escuchado frases como: “¿Y no piensan tener más hijos? o “bueno…¿y la parejita cuándo? Al respecto, está claro que Chile ha cambiado. “Ver a una pareja con un solo hijo y sin intención de ser padres por segunda vez se ha vuelto común y como sociedad estamos cada vez más receptivos a entender a las madres y padres que optan fuertemente por desarrollarse también en otros ámbitos”, opina Camila Rosales, psicóloga infanto-juvenil.

En nuestro país se está dando un fenómeno propio de países desarrollados relativo a una baja natalidad acompañada del envejecimiento de la población. Una investigación reciente, realizada por la Oficina de Referencia de la Población de Estados Unidos (PRB), indica que Chile tiene una tasa de fertilidad de 1.8 hijos por mujer, lo que nos ubica muy por debajo del 2.1 esperado para que se produzca una tasa de reemplazo, es decir que cada generación reemplace a la anterior.

Y si bien las familias tipo -madre, padre, dos hijos- siguen siendo mayoría, cada día se naturaliza más la decisión de los padres que optan por tener solo un hijo. Ello, a juicio de la psicóloga, tiene relación con “la planificación familiar como consecuencia de la complejidad económica actual y la necesidad de desarrollarse más en el ámbito profesional y social”. A medida que la sociedad avanza, los tiempos de vida y de desarrollo personal se alargan y con eso también la maternidad y la paternidad se han vuelto cada vez más tardías. “Para una pareja que dispone gran parte de sus energías en desarrollarse en el área profesional ser padres es percibido como un sueño a realizar, pero que también debe ser compatible con esto otro. Así, el tener un solo hijo puede resultar para ellos una solución de equilibrio en sus vidas”, comenta Camila Rosales.

También está el factor económico. “En una sociedad que no solamente ha aumentado su ritmo de vida, sino que se ha encarecido, brindarle los mejores cuidados, la mejor alimentación y educación a un futuro hijo forma parte fundamental de la decisión de ser padres, lo que sumado a una mayor longevidad da por resultado parejas más temerosas y más cautelosas a la hora de proyectarse como familia”, explica la psicóloga.

 

Compartir

Existe la idea de que entre hermanos se desarrolla la habilidad de compartir, porque se ven forzados a hacerlo, y que los hijos únicos al no estar en esta situación son caprichosos y egoístas. Lo cierto es que si los padres no estimulan o incentivan la conducta de compartir como positiva desde la infancia probablemente crecerán niños y adolescentes egoístas independiente de si son únicos o tienen hermanos.

En el desarrollo de los rasgos y posteriormente de la personalidad de un niño y un adolescente se dan factores que inciden en sus conductas, que son la influencia de lo hereditario y del estímulo del medio ambiente. “Los padres tendrán un lugar fundamental en poder entender ese temperamento y ser un ambiente facilitador para que crezca un niño con la capacidad de compartir, de ser justo y hacer las cosas por sí solo”, explica Camila Rosales. Destaca que “el hijo único ya en el comienzo de su vida, cuando está formando su carácter comienza a tener relación con sus pares. Entra al preescolar y forma su personalidad en etapa escolar, lo que significa que gran parte de su desarrollo es en interacción con otros niños y adolescentes, lo que le permite desplegar habilidades sociales y formar lazos profundos fuera de su familia. Ahí surge la importancia de lograr que los padres refuercen positivamente las conductas asociadas a una amistad sana, por ejemplo”, asegura la especialista.

Para incentivar al hijo único socialmente los padres “deben ser facilitadores del niño, ayudándolo a internalizar el significado de compartir y de la amistad. Lo principal es procurar que el niño mantenga contacto genuino con otros niños de su edad, es decir que no se sienta presionado. Una buena idea es invitar a compañeros a la casa y darles lugar para que desarrollen sus propios juegos en un espacio donde el niño logre compartir sus juguetes y su espacio privado. Inscribirlo en actividades extraprogramáticas que impliquen un trabajo en equipo, que incentiven la competencia, que le permitan vivenciar la frustración de perder y la satisfacción de ganar”, señala la psicóloga Rosales.

 

Sobreprotección

Hay que partir por la base de que la personalidad de un hijo único no conlleva necesariamente ventajas o inconvenientes comunes. El cómo se desenvuelva dependerá de la estimulación recibida durante su desarrollo. Igual hay características atribuibles a ellos y que forman parte de sus vivencias. Por lo general, se destinan más recursos, reciben más atención, mejor educación, entretención y alimentación. Son niños que al estar acostumbrados a una atención exclusiva de sus padres tienden a desarrollar habilidades de liderazgo que bien encauzadas pueden ser muy positivas en sus relaciones futuras. Dado que parte importante de sus momentos de ocio los pasa en soledad, es capaz de desplegar altamente la imaginación y creatividad, lo que le permite formar aspectos de la personalidad como la abstracción y la toma de decisiones. El tener relación constante con adultos le permite enriquecer su vocabulario en comparación con sus pares.

Entre los inconvenientes que pudieran surgir por el hecho de ser hijo único está que la atención exclusiva de los padres podría generar una dependencia que se manifiesta a través del miedo a la separación, la inseguridad y dificultad al sociabilizar. También los hijos únicos suelen sentir una presión mayor del medio ya que las expectativas están sobre ellos. El querer cumplir en el ámbito académico y social puede generar ansiedad, frustración o temor al fracaso.

Para evitar la sobreprotección “los padres deben aprender a identificar los momentos en que no es necesario intervenir y en los que no están permitiendo que su hijo encuentre una solución por sí solo. Ellos deben darle ese espacio de decisión y actuar de acuerdo a las consecuencias; reforzando o felicitando en el caso de una conducta o resultado positivo o siendo una contención emocional cuando hay frustración o tristeza”, señala la psicóloga.

Reflejar a través de lo verbal también es fundamental. “La sobreprotección no solamente pasa por los cuidados excesivos, sino también por los elogios de más o el temor a reflejar las conductas erradas en nuestros hijos. Es importante saber identificar y aceptar los defectos y fallas que puedan tener y verlos como aspectos a desarrollar que los ayudarán no solamente a actuar de mejor forma, sino que a fortalecer lazos de confianza y respeto con nosotros como padres. El que ellos sean capaces de aceptarse y no sentirse juzgados por nosotros permitirá fortalecer su autoestima e independencia”, concluye la psicóloga infanto-juvenil.

 

Categorías: Psicología