Envidia: Codicia que nos destruye

Envidia: Codicia que nos destruye

Considerada como una gran causa de infelicidad de quienes la experimentan, ha estado presente desde el inicio del hombre en la Tierra, inspirando incluso relatos bíblicos como la historia de Caín y Abel en el libro del Génesis.

Por Vicky Abarca

Comienza siendo una emoción, luego se transforma en un sentimiento y -finalmente- en un trastorno de conducta por sus características negativas. Hablamos de la envidia, un sentir tan universal como pernicioso que nos hace competir constantemente con los demás para lograr tener lo que el otro posee, provocando en el envidioso rabia, frustración, desánimo y baja autoestima como consecuencia de este deseo inalcanzable.  Su vida gira en torno a lo que desea y que no tiene, impidiéndole disfrutar su propia realidad. Por nada el filósofo griego Sócrates la definía como “la úlcera del alma”, en tanto que Miguel de Cervantes clamaba: “Oh, envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes”.

¿Condición o sentimiento?

“La envidia es el deseo de tener lo que otro tiene y lo que la diferencia es el pesar y la tristeza que siente la persona al desear lo que su prójimo posee”, comenta la psicóloga Marcela Panza, especialista en Trastornos de Personalidad en Adultos. Una persona envidiosa, acota, no sólo quiere lo que otros tienen sino también desea que el que lo detenta, no pueda disfrutarlo, y para eso es capaz de hacer mucho daño”.

Eso sí, no hay que confundirla con los celos ya que hay una diferencia sustancial.   “Los celos siempre desean a una persona, no a los bienes, y suele verse involucrado un tercero que es la razón del por qué aparecen los celos”.

Marcela Panza, quien además posee un Magíster en Salud Mental Infanto-Juvenil y es Experto Universitario en Autismo y TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo) explica que la envidia comienza siendo una emoción y que al experimentarla se producen los sentimientos. “Por ejemplo, cuando una persona es atacada siente pánico, lo que con el tiempo pasa a ser miedo y éste es el sentimiento que perdura. En el caso de una envidiosa, cuando ve algo que otro tiene y ella no, su primera emoción es la ira y el sentimiento que perdura sería el odio. Por lo tanto, la envidia es un sentimiento, pero por las características negativas del mismo, se puede transformar en un trastorno de conducta”.

Psicóloga Marcela Panza

Gatillantes

Estos individuos tienen una personalidad con rasgos bien definidos: aparentan mucha seguridad, se jactan de cosas que no tienen, hablan mal de los demás, son intrigantes y capaces de tender trampas para hacer quedar mal a otros. Además, suelen ser bastante inteligentes y fingir cariño y aprecio por quienes los rodean mientras planea acciones en su contra.

Es difícil precisar qué la gatilla. Por lo general, las personas crecen siendo envidiosas. “Desde niños desean lo que otro posee, en todo ámbito de cosas. Desde una mamá, si la perdió (por lo tanto, odia a los niños que la tengan), hasta un simple lápiz que considera mejor que el que tiene. A medida que crece, va queriendo todo tipo de cosas: una pareja, hijos bellos, bienes ajenos o el éxito social y laboral de sus compañeros. Lo que la gatilla es tan amplio como envidiosos hay en este mundo”, explica la psicóloga.

Efectos

Una de las consecuencias más recurrente que a nivel mental puede ocasionar es la depresión, por el hecho de percibir que siempre carece de algo. La ausencia de cosas materiales, afectos o éxitos hacen que el sujeto se deprima, se ponga irritable y -muchas veces- violento, síntomas que requieren de la atención de  psiquiatras y psicólogos.

Por lo general, son tratamientos bastante largos ya que no se puede alejar de todo lo envidiable. “En estos casos lo más conveniente es mantener en ellos un bajo nivel de agresividad en sus pensamientos para evitar el daño que puedan generar en terceros como en ellos mismos”, comenta la psicóloga. Si no reciben atención profesional, el consumo de medicamentos se hará cada vez más frecuente, en razón que las necesidades de estas personas nunca estarán totalmente satisfechas.

“Obviamente, un exceso de medicamentos trae aparejado otro tipo de consecuencias, como la dependencia que, a la larga, se puede transformar en adicción, agravando los síntomas iniciales”, comenta la psicóloga.

Tanto a nivel social cómo laboral tiene los efectos propios que genera una persona conflictiva y poco confiable. “La gente tiende a alejarse y el envidioso se sentirá frustrado por no tener amigos. En cuanto a lo laboral, lo más probable es que no le ofrezcan puestos ni tareas de confianza y -por consiguiente- comenzará a envidiar el éxito de sus compañeros de trabajo”.

Estrés

El hecho de estar en constante estrés por lo que no tiene y no puede conseguir, le ocasiona serios problemas de salud.

Marcela Panza explica que “cuando estamos en situación de estrés, nuestro cuerpo libera una hormona llamada cortisol, que es la que nos ayuda en caso de tener que defendernos o de huir. El exceso de cortisol en la sangre puede accionar diversos síntomas como dolor de cabeza, presión alta, alteración del aparato digestivo, menstruaciones irregulares, fatiga, trastornos del sueño, baja de la libido entre muchas otras cosas, siendo la más importante la destrucción de conexiones neuronales”.

Lo anterior, por cierto, no sólo aplica para los envidiosos, ya que todos quienes se encuentren sometidos a una tensión constante están propensos a presentar cualquiera de los síntomas antes mencionados. Por ello, advierte la profesional, hay que cuidar que los niños no se vean sometidos a situaciones que les generen una ansiedad permanente por lo que no pueden poseer.

 

 

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