Bangkok, entre lo sagrado y profano

Bangkok, entre lo sagrado y profano

Desconcertante, cosmopolita, espiritual, exótica, potente y bulliciosa es la capital de Tailandia. Un destino a la carta donde se entremezcla lo antiguo con lo moderno y la fe con lo mundano. Un lugar para conocer, comer y rezar. 

Por Juan Antonio Eymin

 

Grandes rascacielos, miles de turistas caminando de un lado para otro, paisajes con budas, neones de colores, carritos de comida, mercados populares repletos de imitaciones, inmensos centros comerciales, gran congestión y mucho ruido, así es la frenética capital tailandesa, Bangkok, una ciudad monárquica y ceremonial, la más poblada de Tailandia (8 millones de habitantes y 22 millones de turistas anuales), que sorprende por su grandeza, sus increíbles monumentos y su mezcla de colores, sabores, aromas y olores.

Nunca colonizada por potencias europeas, Tailandia (antes perteneciente al Reino de Siam) mantiene su fuerte identidad y patriotismo al tener por todos lados banderas y diferentes imágenes de Bhumibol Adulyadej, su ex rey. Si bien se siente occidentalizada por sus miles de turistas, una vez adentro de su mundo se van descubriendo sus raíces orientales y su gran espiritualidad, pues más del 90% de la población practica el budismo, una religión donde se valora al máximo la propia vida y la de los demás y donde los monjes son parte fundamental en las creencias.

Nuestra estadía

Después de 27 horas de vuelo, la espectacular aerolínea Qatar Airways nos llevó hasta la fantástica “ciudad de los ángeles”, tal como la llaman los tailandeses. Un Bangkok que se ama o se odia desde su llegada y a la que cuesta acostumbrarse debido al ruido y a su intensa humedad. De entrada, bellas mujeres nos reciben con su saludo tradicional; el “wai”, en el que hay que hacer una reverencia presionando ambas manos a la altura de la nariz e inclinando la cabeza como gesto de oración. Luego, todo es caos: bocinas de motos, autos y los famosos tuk tuk abren paso a nuestra exclusiva estadía en el Hotel “W”. Una sofisticada torre de 31 pisos, cerca al skytrain (su metro aéreo), que combina modernidad junto a una construcción de estilo europeo, herencia centenaria en pleno centro financiero de Sathom. Fabulosas y amplias habitaciones con una inmensa vista a la ciudad y a sus grandes edificios. Moderno diseño y alta tecnología para un alojamiento de otro mundo, con tablets que controlan desde las luces hasta el aire acondicionado, dependencias totalmente inteligentes, que realmente hacen sentir muy lejos de casa.

El despertar es encantador en Bangkok cuando se tiene a disposición un desayuno buffet fascinante en el restaurante del W con delicias asiáticas. Frutas exóticas, diferentes jugos y hasta platos tradicionales calientes con sopas aromáticas, pato asado con curry y otras preparaciones como para darse un gran banquete antes de comenzar el día.

El lado espiritual

Si bien Bangkok tiene un lado desenfrenado -y desenfadado-, la parte espiritual tiene aún más fuerza, de ahí que acá se encuentren los templos más grandes e impresionantes de Tailandia y la imagen de Buda no es venerada como la de un santo sino como un modelo a seguir con prácticas que se aplican a la vida cotidiana. Es un deber visitar estas antiguas edificaciones.

Comience la mañana viajando en tuk tuk (taxi-moto), como nosotros, con un tour por el impresionante templo Wat Pho para escuchar el solemne canto de madrugada de los monjes. Y siga con un paseo por el Buda Reclinado, que con sus 46 metros de largo y 15 metros de altura es una de las estatuas más grandes de Tailandia. Al igual que usted, habrá miles de turistas de todas partes del mundo y cientos de budas dorados por todos lados. Hágase la idea y que no le incomoden los cerca de 32° con una humedad que rodea el 90%. Para ingresar a cada templo de este lugar es importante sacarse los zapatos y llevar vestimenta adecuada, ya que las mujeres deben cubrir los hombros y piernas como sinónimo de respeto. Si esta norma la encuentra desprevenida, no se preocupe porque en casi la mayoría de estos sitios se arrienda ropa para la visita.

Aprovechando el recorrido, vaya al Gran Palacio Real, otro de los lugares más visitados de la ciudad. En este enorme complejo con arquitectura de techos puntiagudos, pagodas de oro y dragones, se encuentra un conjunto de edificios que sirvieron como residencia al rey de Tailandia desde el siglo XVIII. A un costado, también se ubica el famoso templo Wat Phra Kaew, en el que se encuentra el Buda Esmeralda, tallado en piedra jade, una de las imágenes más sagradas y veneradas del país.

Y ya que anda cerca, no deje de pasear en barcaza por el famoso río Chao Phraya, que divide la ciudad, y que le dará una buena referencia y un vistazo de lo que es Bangkok. Los templos y lujosos hoteles se divisan a lo lejos al igual que las pobres casas en las que viven algunos tailandeses. El Wat Arun o Templo del Amanecer es uno de ellos, una imponente estructura con 200 años de antigüedad y 82 metros de altura, a la que se puede subir caminando para apreciar la ciudad como una verdadera postal.

Revista Invitro - Bangkok_gastronomia

Viaje gastronómico

El plato fuerte de Tailandia es su gastronomía, un recorrido por aromas y sabores que no hace distinción de clases y donde paradójicamente un rey y un mendigo son sólo iguales por lo que comen. Los tailandeses están obsesionados con la comida por eso no hay hora ni razón para hacerlo, simplemente la disfrutan. Haga lo mismo porque no lo olvidará. Sabores amargos, salados, agridulces y picantes forman parte de casi todos sus platos, donde son protagonistas las especias, los vegetales y el arroz.

La comida callejera es famosa en Tailandia, así que dese el gusto de caminar por las avenidas y pruebe cuanta preparación encuentre. Los precios son bajísimos y hay diversidad de productos. Desde choclo a la parrilla, fritos de todo tipo, brochetas de carne de cerdo, pollo, mariscos y las famosas albóndigas, mezcladas con diferentes salsas. Haga como yo, cómprese unas tiras de chanchito con picante, servidos en una bolsa de plástico con pinchos, y disfrute de los rascacielos y su inmensidad caminando por esta gran ciudad. Ahora, si el bolsillo abunda, no deje de visitar algunos restaurantes de “mantel largo” como el Sala Rattanakosin, que mezcla cocina tailandesa con internacional. Está al lado del río Chao Phraya por lo que la vista es preciosa al atardecer -excelente para los enamorados- con la imagen del Templo del Amanecer de fondo. Vaya donde sea, pero no deje de probar el Pad Thai, lejos el plato más famoso de los tailandeses a base de fideos de arroz con huevo, gambas, pollo o tofu, salsa de pescado y más. Una delicia.

Otra estupenda alternativa es comer en el exquisito restaurante Blue Elephant, que también es escuela de cocina y que se ubica en una maravillosa casona de más de 200 años. Aquí encontrará un increíble servicio y platos tradicionales con una mirada diferente que no existe en otros locales. Su espectacular foie gras con salsa de tamarindo es irresistible, el pollo con curry rojo, leche de coco y albahaca es para aplaudirlo de rico al igual que su sabroso pescado grouper, parecido al mero, con diferentes salsas picantes, de ajo y agridulce.

Ahora si quiere cenar en un top de línea, el Nahm es el restaurante número uno de Asia, que encabeza la lista de los 50 Best en su versión regional y el número 13 en su edición global. Su gastronomía es magnífica,  mezcla de modernidad, innovación y tradición. Sabores picantes y especiados lo han hecho destacar en el tiempo. Un imperdible. Y si quiere nutrirse de este interesante país, el Sala Rim Naam es el lugar perfecto para vivir una experiencia cultural elegante y única con espectáculos de danza y música tailandesa. Se ubica al lado del río, en el interior del espectacular Hotel Mandarín Oriental. Y entre sus platos destacan el cangrejo con coco, las ensaladas con mariscos picantes y el sabroso curry de ternera.

Los imperdibles

Después de maravillarse con los deslumbrantes templos, haber caminado por las grandes avenidas comiendo algo rico, hágase el tiempo y no deje de visitar la sorprendente ciudad de Ayutthaya, ubicada a 85 kilómetros al norte de Bangkok. Es la antigua capital del Reino de Siam (1350-1767), invadida por los birmanos, y hoy es uno de los lugares históricos más importantes de Tailandia, reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Esta es una excelente opción para hacer una excursión por el día. Viva la experiencia de andar en bicicleta por sus calles. Nosotros arrendamos unas a nuestra llegada y después de pedalear por callejones y recovecos llegamos hasta las espectaculares ruinas que inmortalizan a los cerca de 500 templos y palacios que había en este lugar. Budas decapitados por las antiguas invasiones y diferentes leyendas se escuchan en este imperdible centro arqueológico.

El Wat Mahathat es uno de los templos más visitados porque alberga una curiosa cabeza de Buda entre las ramas de un árbol. Dicen que quedó así por el abandono y otros que un ladrón la quiso esconder y nunca volvió. Como sea, esta imagen y todo lo que la rodea recibe millones de turistas cada año. Aproveche la visita y siga después por el Bang Pa-In Palace, se trata del Palacio de Verano de los reyes que cuenta con impresionantes jardines y prístinas esculturas, que hace un tiempo inspiraron a la película Ana y el Rey. Otra de las atracciones en Ayutthaya es dar un increíble paseo en elefante, no se preocupe ni se sienta mal, que acá hay un centro de rescate de estos animales enfermos y maltratados, que se financia con estas excursiones a turistas. Anímese y súbase en uno de ellos, una vez que retorne a su casa recordará este momento como un instante Instagram.

Además, no deje de visitar el Damnoen Saduak, uno de los mercados flotantes más turísticos con venta de verduras, frutas, especias, budas y otros artículos. Acá también podrá tomar, desde un bote, un irresistible ramen (sopa de cerdo con fideos, brotes de bambú y vegetales), que seguro será el mejor que ha probado en su vida.

Y ya si el cansancio lo supera, otro imperdible es tomar un famoso masaje tailandés. En The Oasis Spa hay unas especialistas que lo dejarán maravillado. Dicen que es uno de los mejores centros del mundo. Hay que tantear. El lugar es único, relaja y transporta. De entrada recibe un jardín zen con flores de loto. Hay diferentes tratamientos, masajistas calificadas con aceites, cremas y hierbas exquisitas. La técnica es insuperable, pura armonía y uno queda como un bebé, como para volver a empezar.

Y la noche es joven, sobre todo en Bangkok, donde la ciudad no duerme. Como ya hay ánimo, puede visitar el famoso mercado Patpong, situado en Silom, la zona con más vida nocturna de la ciudad. Acá verá el lado oscuro de Bangkok y encontrará de todo, incluyendo las más grandes falsificaciones de ropa, zapatos y otros productos. El regateo es descarado, fácilmente puede pasar de una prenda que vale 600 bath, su moneda oficial ($12.000), a 200 bath ($4.000). Se recomienda ir sin niños, porque es un lugar reconocido internacionalmente como “barrio rojo”, lleno de bares, clubes nocturnos con strippers y shows de ping pong (las bailarinas muestran sus habilidades genitales con pelotas de ping pong). Un absoluto contraste. Este paseo es bueno para dar una vuelta, mirar y comprar un par de cosas. Pero de ahí la ruta obligada es el alucinante restaurante – bar Sirocco, famoso por la película Hangover 2, que se ubica en el piso 63 de la espectacular terraza del hotel Lebua. La escena con la ciudad abajo, con una vista de casi 360 grados, con botes iluminados, el ruido de las calles y el ambiente estiloso del lugar resultan únicos.  El Sirocco es caro pero si ya llegó hasta allá no deje de brindar por todo lo vivido, comido, admirado y rezado.

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