Trastorno Bipolar: Continuas expresiones con diversas intensidades

Trastorno Bipolar: Continuas expresiones con diversas intensidades

En estos pacientes es importante el apoyo de la familia y su entorno, y que no vivan su enfermedad como un estigma o castigo.

Sentir una felicidad indescriptible, una gran motivación y entusiasmo, estar ilusionado y lleno de expectativas, y de un momento a otro experimentar una tristeza profunda que no te permite salir de la cama. Es una realidad que afecta a muchas personas que padecen de Trastorno Bipolar, una enfermedad psiquiátrica que se agrupa “en muchos otros cuadros que se conocían con otros nombres como maníaco-depresivo o depresión maníaca”, precisa el psiquiatra Jorge Sánchez.

En el Trastorno Bipolar hay estudios que hablan de una prevalencia del 8%, pero “los datos exactos son difíciles de determinar, porque hay muchos casos que son diagnosticados tardíamente o son sujetos a confusión con otros cuadros psiquiátricos. Se estima que 10 años demora un psiquiatra o una persona en encontrar un diagnóstico definitivo. Es difícil, pero uno percibe que es un cuadro importante en la patología y en la consulta”, explica el especialista.

Uno de los rasgos más reconocibles del bipolar son los cambios de humor. La persona oscila entre la euforia maníaca y la depresión. “Se estima que alrededor del 20% de la población tiene síntomas depresivos, lo cual no es sinónimo de cuadro depresivo. Otros estudios señalan que la mitad de las personas que consulta por cualquier cuadro clínico tiene algún síntoma depresivo”, señala el Dr. Sánchez. Por lo mismo, “con frecuencia se confunde la Depresión Bipolar II con la Depresión Mayor”, precisa.

A interior del Trastorno Bipolar hay varios tipos:

Ciclotimia, la versión más leve de este trastorno, se caracteriza por fases leves de depresión e hipomanía.

  1. Trastorno Bipolar I, se caracteriza por episodios de manía o mixtos.
  2. Trastorno Bipolar II, se define por episodios depresivos e hipomanía, menos graves.
  3. Trastorno Bipolar no especificado, no cumple con las características de los tipos I y II, el paciente puede sufrir episodios hipomaníacos recidivantes sin síntomas depresivos intercurrentes o un episodio maníaco o mixto superpuesto a un trastorno delirante, una esquizofrenia residual o un trastorno psicótico no especificado.

El TB tiene una alta base genética. “Como todas las enfermedades psiquiátricas, tiene una base biológica y también psico-afectiva. La herencia es bastante complicada, porque son muchos los genes que intervienen, pero además nosotros mutamos en más o menos un 15% a 17% espontáneamente desde el nacimiento, de modo que no es posible determinar con exactitud total qué grado de inhabilidad va a tener una persona hija de dos personas con trastorno bipolar”, explica el psiquiatra.

Un tercio de los TB “comienza antes de los 13 años, otro tercio entre los 13 y 18 años, y hay casos que aparecen después de los 40 años. También hay genes asociados a la esquizofrenia, dado que tienen un mundo común. Sin embargo, no todo es el genoma, hay elementos que no sabemos muy bien qué hacen que el genoma se exprese, es lo que llamamos epigenoma, donde además las mutaciones son espontáneas”, asegura.

Variado

Según el Dr. Sánchez, el TB “no es una enfermedad específica como sería el lupus o el asma, sino un conjunto de continuas expresiones en que diferentes síntomas se expresan con diversas intensidades. Es más complicado cuando en la química lo único que aparece son episodios depresivos y más cuando estos cuadros son bastante independientes de los acontecimientos que rodean a la persona o de las circunstancias, como diría Ortega y Gasset. Son mucho más ligados a la biología y cuando están unidos a las circunstancias se presta para interpretaciones reactivas”.

En el espectro bipolar hay pacientes que “solo han hecho episodios depresivos biológicos muy intensos y no aparecen episodios maníacos o de hiperactividad”. El diagnóstico se facilita cuando “se alterna con episodios maníacos, falta de sueño, verborreico, ansioso e irritable. Después de algunos días la persona se deprime profundamente, con una depresión que llama la atención. No es una simple tristeza, sino una falta de energía vital”.

Hay cuadros donde se mezclan síntomas depresivos con hipomaníacos, donde aparecen una gran irritabilidad, una gran impulsividad o falta de sueño. También están asociados a conductas adictivas, como el consumo excesivo de alcohol y/o drogas. “Una persona que en la mañana está bien y de repente se siente expansivo, exitoso, verborreico con una hipersexualidad. Sin embargo, las cosas nunca son tan netas, no es fácil definir el grado de gravedad del trastorno”, advierte el psiquiatra.
Hay personas que “tienen una sintomatología muy seria, pero a la vez tienen un entorno que las ayuda y contiene, lo que hace al cuadro menos impactante. Los más complicados son los que están asociados a un trastorno severo de la personalidad, que pueden tener conductas agresivas o suicidas. En mi experiencia es difícil encontrar per se un grado peligroso”, señala.

Tratamiento

Necesariamente en un mundo en que los tratamientos implican costos enormes, hay que preocuparse de la buena práctica y de controlar los costos. “Son necesarias las pautas para tratar a estas personas, uno tiende a repetir el modelo, pero también cada vez se aprende más que los tratamientos son muy personalizados”, asegura el Dr. Sánchez. Reconoce que “uno se maneja con probabilidades, si doy litio sé que el 70% a 80% puede que resulte, pero también sé que hay un porcentaje que no va a resultar. En general no hay que aplicar el algoritmo típico y ver si hay antecedentes anteriores y familiares, hay que conocer la historia de la persona”.

En un TB “en general se usan antidepresivos, estabilizadores del ánimo y antipsicóticos atípicos, y con la evolución de la persona al final se va consolidando qué fármacos se darán en forma permanente. Tenemos pacientes bien equilibrados solo con litio, pero también con dos o tres fármacos. Es muy difícil predecir, porque son tratamientos muy personalizados. Eso se va descubriendo con la práctica y el tiempo”, asegura.
Lo más importante “es educar al paciente, explicarle la adherencia y los gestos preventivos del cuadro, por lo que debe cambiar varios aspectos de su vida. En general. la adherencia al tratamiento es mala, aunque hay de todo. Después de un tiempo se sienten bien y tienden a no tomar los fármacos o dejarlos. Los primeros días no notan la diferencia, porque hay reservas del fármaco en el tejido adiposo. A los 15 o 20 días notan los cambios y algunos los asocian a una circunstancia y no al trastorno. Les cuesta volver a consultar, es el modelo cultural que hay”.

Los efectos secundarios son bien variados. El litio tiene efectos “en la tiroides, en el sistema sanguíneo, riñones, sistema digestivo, entonces hay que hacer controles rigurosos, para eliminar los posibles efectos secundarios”. También en algunos pacientes hay “aumento de peso, alteraciones de la libido, reacción lenta, es importante la experiencia del psiquiatra al recetar los fármacos con el menor efecto adverso. Hay pacientes que logran adaptarse bien, otros no”.
En una bipolaridad mal tratada hay consecuencias bastante desagradables, “les va mal en el trabajo, no logran construir familia, pueden terminar en consumo excesivo de alcohol o drogas o en el suicidio”. En esta situación “no se trata de fuerza de voluntad, sin tratamiento no salen del trastorno. Un bipolar bien tratado es una persona absolutamente normal, que hace su vida como todos”, concluye el especialista.

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