Epilepsia: La importancia de un buen diagnóstico

Epilepsia: La importancia de un buen diagnóstico

Frecuente y poco comprendida, es una enfermedad crónica que requiere que tanto pacientes como su entorno familiar y social conozcan que con un tratamiento adecuado pueden lograr una buena calidad de vida. 

Se calcula que entre el 1% y el 2% de la población en el mundo tiene epilepsia, independiente de la raza y género. En Chile serían al menos 225.000 personas las que padecen esta “enfermedad crónica, caracterizada por crisis a repetición, que se producen por una descarga desordenada de las neuronas cerebrales”, afirma la Dra. Evelyn Benavides, neuróloga de Clínica Universidad de los Andes y la Liga Chilena contra la Epilepsia.

En la epilepsia hay muchas etiologías, en la infancia las más frecuentes “están asociadas a genética, asfixia neonatal, enfermedades metabólicas de la infancia, mientras que en los adultos las causas más recurrentes son las relacionadas con infartos cerebrales, tumores y enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer”, señala la especialista. Y si bien la epilepsia “puede iniciarse a cualquier edad, es más frecuente encontrar casos nuevos en niños menores de 10 años y en adultos mayores de 65 años”, agrega.

Las epilepsias se clasifican en las crisis generalizadas, que es una descarga anormal que se origina en forma simultánea en todo el cerebro, con un síntoma inicial de pérdida de conciencia; y las crisis parciales, que se caracterizan por una descarga anormal originada en un área específica del cerebro, que puede extenderse al resto, por lo que inicialmente puede no haber pérdida de conciencia.

Entre las crisis generalizadas están las tónico-clónicas, que son las más conocidas y comunes, se inician a cualquier edad y se manifiestan con una pérdida repentina de conciencia, caída del paciente, una contracción muscular sostenida e intensa, dificultad para respirar, sacudidas musculares breves, una posible mordedura de la lengua o interior de la mejilla, salivación espumosa y palidez. En esta fase, que dura de 2 a 5 minutos, puede haber incontinencia de orina y/o fecal. La recuperación es confusa y con gran cansancio.

Otra crisis generalizada es la denominada de ausencia, que se presentan con una breve desconexión (10 a 20 segundos), detención de la actividad que realiza, mirada fija y parpadeo, contracciones breves de brazos y piernas, inclinación de cabeza y tronco hacia atrás, rotación y sacudidas de ojos, movimientos de la boca, lengua y dedos, entre otros.

Diagnóstico

Hay varios tipos de epilepsia, según su causa y pronóstico. Se pueden dividir “en idiopáticas, en las cuales las causas son genéticas, las neuroimágenes son normales y su pronóstico es favorable. Las sintomáticas, donde hay una lesión cerebral, que se evidencia en la Resonancia Magnética de Cerebro y cuyo pronóstico no es tan favorable; y criptogénicas, en las cuales asumimos que hay una causa, pero que no es visible a la Resonancia. Se las puede dividir también en epilepsias no refractarias y refractarias, según su respuesta al tratamiento de la epilepsia”, explica la Dra. Benavides.

Es fundamental que antes de iniciar un tratamiento, el médico haga un diagnóstico preciso de la epilepsia. La historia clínica es clave y para elaborarla el médico requiere de una descripción detallada de las posibles crisis epilépticas. La descripción debe ser hecha por un testigo ocular de la crisis, que debe señalar la frecuencia e intervalos máximos y mínimos sin ataques. La historia debe incluir información sobre el embarazo, parto, desarrollo psicomotor, enfermedades previas y si hay casos de epilepsia en la familia.

A todo paciente con indicios de algún tipo de epilepsia, el especialista debe someterlo a un examen físico completo, que incluya un examen neurológico detallado. En algunos casos se solicitará exámenes de sangre, orina y otras pruebas de laboratorio, a objeto de determinar si las crisis obedecen a una causa que pueda ser corregida.

Para un buen diagnóstico el paciente es sometido a un encefalograma (EEG), que registra la actividad neuronal y puede ayudar a identificar una actividad eléctrica anormal en el cerebro. Para establecer la causa de la epilepsia en un paciente, el médico puede solicitar un estudio de imágenes cerebrales, de las diferentes estructuras del cerebro, para lo cual hay dos modalidades: Tomografía Axial Computarizada (TAC) y Resonancia Nuclear Magnética (RNM).

Dra. Evelyn Benavides, neuróloga de Clínica Universidad de los Andes

Tratamientos

En Chile “disponemos de todos los tratamientos para la epilepsia, fármacos, cirugía, dispositivos de estimulación eléctrica, dieta cetogénica. Los tratamientos dependen del acceso al servicio público de salud en relación al privado, ya que hay tratamientos de alto costo para pacientes con epilepsia refractaria, que están disponibles por el momento en centros especializados”, advierte la Dra. Benavides. “La epilepsia no refractaria está en el GES, es aquella que tiene buena respuesta a uno o dos fármacos y que no requiere un tratamiento agresivo”, precisa.

Entre el 60% y 70% de los pacientes con epilepsia responde bien al tratamiento farmacológico. “Hoy hay nuevos fármacos en desarrollo, con diferentes mecanismos de accionar a los ya conocidos”, subraya la especialista.

El propósito de los fármacos antiepilépticos es prevenir las crisis, no curarlas, por ello la medicación debe ser tomada por periodos largos. No es un tratamiento uniforme, sino acorde a las necesidades de cada persona, que puede demorar un tiempo hasta encontrar la dosis adecuada del medicamento antiepiléptico.

Si los fármacos no dan resultado, se puede optar por una intervención quirúrgica. También está la dieta cetogénica, que consiste en un régimen alimenticio rico en ácidos grasos, lo que produce una sensación similar al ayuno, acidificando el entorno cerebral y disminuyendo las crisis. Otra alternativa de tratamiento es el estimulador vagal, una especie de marcapasos, conectado al nervio vago, que marca impulsos eléctricos no percibidos por la persona, para que el nervio bloquee la ocurrencia de crisis o disminuya sus efectos.

La epilepsia “es una enfermedad crónica, por lo cual, aunque el paciente no requiera tratamiento y está en crisis, se debe preocupar de evitar el consumo de alcohol y la privación de sueño, los cuales son gatillantes de crisis”, advierte la especialista. También, “es importante que tenga una relación fluida con el médico tratante para avisar de efectos adversos de los tratamientos, así como el oportuno cambio de esquemas y nuevos tratamientos disponibles”.

La epilepsia es una enfermedad que “requiere que tanto los pacientes como su entorno familiar y social conozcan ya que existen concepciones equivocadas respecto de su transmisión, enfermedades asociadas y posibilidades de desarrollo social y laboral. La mayoría de los pacientes con epilepsia logran una vida normal”, concluye la neuróloga.

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